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Mar 13 12 9:57 AM

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Conceptuar, la cualidad de ponerle nombre a las cosas…


Algo se gatilla al pronunciar  el nombre de Dios. Los pensamientos se ordenan de acuerdo a nuestra estructura, podrán ser de temor o de amor, podrán ser de solicitud o de protección.  Ellos son múltiples y diversos, de allí que de acuerdo a lo que consideremos, pueden aparecer distintos y mostrar variadas cualidades: bienaventuranza, belleza, creatividad, pureza, paz, comprensión, amor, dicha, plenitud y muchas otras, que aparecen bañando la conciencia centralizada.

 

Cualquiera podrá decir lo que estime conveniente del nombre de Dios, y se gatilla una diversidad de posiciones cercanas al infinito con respecto a este tema. Para algunos Dios puede aparecer como una experiencia personal. Mi enfoque está muy cercano a lo no dual, de allí que podré decir: “lo cierto es que es  lo Es”, “Es lo que Eres”.  Eres lo único real, el mundo, en el anfiteatro de la conciencia, se presenta como una ilusión e ignoras que eres el constructor del mundo, de su principio y de su fin.

 

Tú eres Eso real, Eres permanente, auto evidente, mas allá del tiempo y espacio, estás mas allá de lo individual y de lo universal y a eso que eres no nos queda más que llamarlo “Indescriptible”.

 

Pretender expandir la luz es una ilusión, es la mente la que ha construido un futuro a partir de un pasado condicionado, y supone que puede guiar, como el ciego que quiere guiar a otros ciegos. La mente, con su funcionalidad, se fija tareas que la mayoría de las veces están más allá de la posibilidad de ser cumplidas. La mente generalmente cumple programas que ya han sido diseñados y que hay allí, suponiendo que está llamada a guiar e iluminar.

 

A este caminar algunos le llaman la senda, una acción que se realiza aunque estemos atrapados en la dualidad de consumo, pero la tendencia en realidad es a retornar la mirada al lugar desde donde nunca hemos salido, a Lo real, lo natural y lo simple, donde todo se tiñe de lo sagrado. Puede que condicionemos nuestra búsqueda a solo pensar en lo Divino y puede que le demos significado a la vida con ello.

 

Cuando meditamos en lo Indescriptible, la sensación posterior de lo Divino se transforma en un producto, de allí aparecen los pensamientos de entrega a eso Divino, lo cual se transforma en otra religión más. Este es el riesgo que se corre. Aparece la ilusión, aunque no produzca nada, pero puede cambiar nuestros condicionamientos, nuestras estructuras, por unas nuevas, y de nuevo aparecen como discos de vinilo que funcionan una y otra vez, repitiendo los cansados y reiterativos hábitos y costumbres que agotan y desgastan el vivir.

 

Prisioneros de la identidad solo podemos hacer aquello para lo que el programa ha sido diseñado. Salir de ello implica aceptar nuestra verdadera realidad, lo cual nos puede dar esa paz que baña la mente. Puedes llamarla la voluntad de lo Divino y establecerla como propia, con ello el vivir armónico es pleno y total, nada ajeno a lo real que Soy. R.Malak