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Nov 23 11 11:50 AM

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¿Disolución del ego o disolución de la identificación con el ego?



En un texto de principios de año llamado Momentos dice así: “Siendo atemporal y estando en el tiempo simultáneamente, es permitir que el diamante resplandeciente de lo Real brille sin la obstrucción del barro del ego. Saber, aceptar, que el ego no es un enemigo, sino una vestimenta que se usa para moverse en el mundo de lo cotidiano, como una especie de disfraz que ayuda a proteger el instrumento, pero que en la realidad de toda interacción, todos los seres humanos, todos los animales, plantas y objetos, son expresiones de la propia conciencia, aceptados y acogidos en amor, pase lo que pase.”


Hay una enorme confusión provocada por la lectura de libros espirituales, por ciertas indicaciones radicales y poco explicadas por parte de algunos maestros, por los comentarios de muchos que se creen con dominio de comprensión aunque están aún a medio camino, medio cocidos en esto de comprender, y aún más, vivir la realidad. Incluso hay experiencias vividas que se han tomado por la realidad misma y también confunden o dejan apenas entrevelada la comprensión.


Cuando se habla de la disolución del ego, es para el principiante que aún le da importancia a su persona creyendo que es desde su modo de ser que está sucediendo su vida, y no ha des-cubierto esa ilusión, la ilusión de la supuesta realidad del ego-identidad. Para este principiante de la vía espiritual, hay muchos modos según sus inclinaciones y preferencias, de abordar la cuestión de la búsqueda del auto-des-cubrimiento. Uno de estos modos es el devocional, la entrega. Cree que está entregándose a un poder superior a si mismo, llamado lo Esencial, lo Divino, Dios, Allah, Satguru, etc etc. Es una aproximación hecha desde el sentido de separación entre él o ella y Eso anhelado. Es porque no ha descubierto que Eso, es lo que uno es desde siempre y para siempre. Aquí y ahora.


El bebé, como expresión manifiesta de lo esencial, nace con una carga de semillas, son las llamadas vasanas. Son las condiciones que determinarán muchos aspectos de la historia a ser vivida como personaje. Cargas genéticas, una familia específica en un lugar específico de la tierra, un país o pueblo con su cultura. Un cuerpo específico, una cara con la que los demás lo conocerán como: él o ella… y por supuesto, un nombre. Luego vendrá la cédula de identidad. Rostro, descripción de aspectos físicos destacados, edad, nacionalidad, nombre y apellidos.


Aunque el bebé en un principio tiene esa miradita hermosa e inocente, como luz de conciencia emanando y comenzando a conocer, muy pronto empieza a aprender y a reaccionar ante las condiciones de interacción tanto con las personas como con el medio ambiente. Luego viene la educación, y esa necesidad que se le imprime de armar una identidad. Verse al espejo y aprender, este soy yo, esos son los otros. Al entrar al preescolar o al cole, empieza el roce con los demás, ya fuera de la protección hogareña. Aparece la competencia y la urgencia de ser apreciado, amado, un derecho natural que de pronto empieza a notarse como ausente. Así, en pocas palabras, se forma el ego-identidad.


El ego es una sombra inevitable mientras hay un cuerpo, un nombre y una historia, que se presenta según las urgencias de lo cotidiano manifiesto, las vasanas, semillas, las condiciones, exigencias vitales, etc. Usando un símil, la sombra está siempre a los pies del Si mismo, proyectada en el suelo de la manifestación debido a la luz de la conciencia esencial. Cuando el sol alumbra en distintos ángulos, pasando por diferentes umbrales, como media mañana, media tarde, etc, la sombra se proyecta alargada. El error, la ignorancia, es creer que la sombra tiene movimientos propios. Esto se debe a identificarse con ella, dejando que ella defina el ser. El ego es un instrumento de interacción social, que puede funcionar desde la comprensión o desde la ignorancia. En efecto cuando el sol de la comprensión está en el cenit, como en estados de absorción, samadhi, observación sin juicio, satori, y tantos nombres que señalan lo mismo, la sombra queda sumergida, no se proyecta. Lo mismo sucede  en el sueño profundo, un desmayo, amnesia, la muerte del cuerpo, etc, donde no hay mente ni ego, aunque lo esencial permanece, el Si mismo intocado y no nacido. El ego puede ser tu mayor aliado o tu peor enemigo, todo depende de si se le han dado las llaves de la mansión del Ser o tan sólo se le deja para interactuar con los invitados, como un buen conserje y no como un falso dueño. Pero en realidad, es sólo una sombra sin poder alguno.


Tú le das poder a todo en base a tus creencias, tú sostienes las realidades relativas de todo cuanto vives en esta proyección de la existencia temporal. Tú eres Ello intocado y no nacido, Presencia absoluta que es auto-evidente cuando has comprendido que el ego no puede definirte, el cuerpo no te define, la historia no indica lo que tú eres. Eres el sostén de la existencia, el sol que alumbra los objetos, y que en ello, necesariamente se proyectan sombras para dar contraste y poder conocer y comparar todas las infinitas posibilidades de expresión del ser.



Maria Luisa 15-11-2011