Lead

Jun 23 11 10:22 PM

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He tomado el mundo por real y la vigilia como el estado auténtico. Además estoy en el convencimiento de haber nacido y que tengo un tiempo hasta que un día muera. Una vez asumido eso sucede lo siguiente:
Para moverme en el mundo requiero inevitablemente una identidad. Sobre todo en este mundo tan complejo. La identidad protege no sólo sus ideas, sino que tiene la función de proteger todo el instrumento biológico y sicológico, protegerlo de otras personas que con sus actos muestran avaricia, deseos egocéntricos, manipulaciones, tratando de imponer su poder por encima de los otros. Entonces hay un manejarse ante todo esto para no ser víctima del abuso. Cuando estoy convencida de haber nacido, me planteo que si he nacido con la opción de la libertad para percibir mi vida en un mundo hermoso, un planeta lleno de bendiciones, un universo de estrellas que adorna las noches, es una oportunidad de disfrute de esta vida de tiempo, espacio, lo que llamo realidad y que no noto que es una emanación consciente. Entonces no puedo admitir que por asuntos de poder egocéntrico de otros se me pretendiera privar de esta ocasión sin igual. Así que también por eso la identidad se forma, y dentro de un mundo de egos yo sostengo un ego que interactúa con ellos. Ante esta mirada de haber nacido espero tener la ocasión de disfrutar lo que el mundo pueda ofrecerme. Se sostiene la búsqueda de la felicidad que las experiencias de interacción con mi cuerpo, mi mente, mis emociones, las personas y el mundo, puedan darme. Así, busco ser feliz dentro de todo este envase consciente que me presentan las alternativas de esta identidad. Busco ser feliz con las personas, con los logros, con los placeres, con un evento, con las experiencias mentales, con la meditación, con las relaciones amorosas, con el éxito. Y al final con todo ello sigo construyendo estructuras de mi identidad para llegar a ser el ideal: una persona feliz.