Lead

Oct 10 07 3:57 PM

Tags : :

Una Fábula. Por Jiddu Krishnamurti
 
Había una vez - que es la manera en que todas las historias empiezan - un mundo en el que la gente estaba enferma y triste, y aun todos ellos buscaban ser liberados de su sufrimiento y encontrar felicidad. En busca de esta felicidad oraron, adoraron, amaron y odiaron, se casaron e hicieron guerras. Engendraron hijos tan miserables como ellos mismos y aun enseñaron a esos niños que la felicidad era su derecho y su objetivo final.
Entonces un día en medio de ese sufrimiento se originó un rumor que creció hasta convertirse en un grito, de que un Gran Maestro iba a venir, quien, debido a su amor por el mundo y debido a su sabiduría, traería a aquellos que estaban sufriendo, confort en su dolor, y mostraría a toda la gente del mundo cómo podrían encontrar la felicidad duradera que todos ellos andaban buscando.
Y con el fin de esparcir ampliamente la buena nueva de la venida del Maestro, se formaron organizaciones y sociedades, y los hombres y mujeres viajaron por todo el mundo hablando del Maestro por venir. Algunos le oraron para que viniera más rápidamente. Algunos llevaron a cabo ceremonias para preparar al mundo para recibirlo. Algunos llevaron a cabo profundos estudios de los tiempos olvidados, cuando otros grandes Maestros habían venido y enseñado, de manera que pudieran entenderlo mejor. Algunos se proclamaron a sí mismos, por adelantado, discípulos suyos, de manera que cuando viniera pudieran al menos entenderle y estar alrededor de él.
Entonces un día él llegó. Y le dijo ala gente del mundo que había venido para traerles felicidad, para curar su dolor y aplacar sus penas. Dijo que él mismo, a través de mucho sufrimiento y dolor, había encontrado su camino hacia una morada de paz, hacia un Reino de eterna alegría. Les dijo que había venido para conducirlos y guiarlos hacia esa morada. Pero, dijo que, debido a que el camino que conduce a ese Reino era estrecho y abrupto, sólo podrían acompañarlo aquellos que dejaran a un lado todo lo que ellos hubieran acumulado en el pasado. Les pidió que dejaran a un lado sus Dioses, sus religiones, sus rituales y ceremonias, sus libros y su conocimiento, sus familias y amigos. Y si ellos hicieran eso, dijo, él les abastecería de comida para el viaje, satisfaría su ardiente sed con la viva agua que él poseía, y los llevaría al Reino de la Felicidad donde él mismo habitaba eternamente.
Entonces aquellas gentes, que durante muchos años se habían estado preparando para el Maestro, empezaron a sentirse incómodas y perturbadas. Pues ellas dijeron: "Esta no es la enseñanza que esperábamos y por la que nos hemos estado preparando. Cómo podemos renunciar a este conocimiento el cual hemos adquirido tan dolorosamente? Sin él, el mundo nunca hubiera entendido al Maestro. Cómo podemos renunciar a todos esos espléndidos rituales y ceremonias en la ejecución de los cuales encontramos tanta felicidad y poder? Cómo podemos renunciar a nuestras familias y amigos cuando tanto los necesitamos? Qué enseñanza es esta?".
Y se empezaron a preguntar a sí mismos: "Puede ser este en realidad el Maestro que estábamos esperando? Nunca pensamos que pudiera hablar de este modo y que nos pidiera tales renuncias". Y aquellos que en especial se habían proclamado a sí mismos sus discípulos, debido a su más íntimo conocimiento de sus deseos, se sintieron incómodos y perturbados.
Entonces después de mucho pensar y meditar la luz llegó a ellos y (con ella) una solución para sus dificultades. Y dijeron: "Es verdad que el Maestro viene a ayudar al mundo, pero nosotros conocemos el mundo mejor de lo que él lo conoce y así nosotros actuaremos como sus intérpretes para el mundo".
Así que aquellos que tenían conocimiento dijeron: "Su llamada a la renuncia no es aplicable para nosotros porque el mundo necesita de nuestro conocimiento y no podría pasar sin él, así que para bien del mundo debemos continuar buscando conocimiento".
Y aquellos que llevaron a cabo rituales y ceremonias dijeron: "Por supuesto, nosotros hemos renunciado a todos los rituales y ceremonias por nuestro propio bien, hemos ido más allá de ellos, pero para bien del mundo debemos llevarlos a cabo, de lo contrario el mundo sufriría". De manera que siguieron construyendo Iglesias y Templos y llevando a cabo rituales, todo ello para ayudar al mundo, y estuvieron demasiado ocupados para escuchar al Maestro.
Y los únicos que de buen grado renunciaron fueron aquellos que abandonaron sus hogares y familias porque querían verse libres de deberes y obligaciones. Y fueron al Maestro y dijeron: "Lo hemos dejado todo para seguirte, ahora encuéntranos un trabajo fácil donde podamos trabajar para ti y también donde ganarnos la vida".
Habían algunos allí, unos pocos, que dejaron todas las cosas a un lado, y se sentaron a los pies del Maestro, e intentaron aprender de él cómo podían alimentar el hambre y satisfacer la sed. Estas gentes pensaron que su sabiduría probablemente resultaría más útil para el mundo que su conocimiento; que su sencillez podría ser más fácilmente entendida que sus complicaciones; que el Maestro podría saberlo mejor cuando dijo que los rituales y las ceremonias no eran necesarias para encontrar la felicidad que él vino a ofrecer; que puedes renunciar a tu familia y amigos en tu corazón al tiempo que no los abandonas a su suerte.
Pero los otros les reprocharon su egoísmo y holgazanería. Dijeron: "El mundo no necesita el pan del Maestro, sino un tipo particular de pastelito del cual nosotros tenemos la receta. El no necesita agua para saciar su sed, sino el vino contenido en nuestros cálices.   Las palabras de vuestro Maestro no ayudarán al mundo, porque ellas son demasiado sencillas y el mundo no puede comprender lo que significan. Nosotros tenemos complicadas teorías para solucionar los complicados problemas del mundo y el mundo puede comprenderlas".
Así que hubo unos pocos de entre aquellos que anunciaron la venida del Maestro, que escucharon la enseñanza que él dio. Hubo algunos que dijeron: "Este no es el Maestro que esperábamos, así que continuaremos preparándonos para la venida del Maestro real". Y los demás construyeron muros y barreras alrededor de ellos de manera que nadie pudiera llegar a ellos a menos que abrieran las puertas.
De manera que en pocos años él murió y entonces la misma gente lo aclamaron como alguien inspirado por la divinidad, y construyeron nuevos Templos en su nombre e inventaron nuevos y elaborados rituales y ceremonias pata gloria suya, y construyeron una nueva religión sobre las enseñanzas que él no había dado. Y el mundo continuó sufriendo y pidiendo desesperadamente ayuda.
 
(Fuente: "From Darkness to Light" por Jiddu Krishnamurti)